Tomás

Vivías en una casita pequeña, abajo de un árbol. Vestías unos vaqueros viejos y una camisa remendada que te había arreglado tu abuela, tenías el pelo rubio… rizado, tenías cinco años… como yo. Venías a mi encuentro cada vez que salía al jardín y nunca entendí porqué todos decían que no te veían… si estabas allí!

Tomás, con sus mejillas rosadas al sol y sus botas llenas de barro, mi amigo… mi mejor amigo. Paseaba contigo contándote historias inventadas y luego tú tus aventuras… te encantaban las mariposas, nunca faltaban en tus aventuras… “había muchas mariposas” decías.

Mamá preguntaba por ti, supongo que ella sentía pena por no poder verte, yo pensaba que eras muy rápido y te escondías cada vez que veías a alguien… pero nunca supe como lo hacías. Pasamos un verano juntos, todas las mañanas y todas las tardes… “Chau Tomi, nos encontramos mañana, donde siempre… abajo del árbol”. La verdad es que ahora que lo pienso eras un caballero, nunca llegabas tarde, yo salía al jardín y tu sonreías desde el árbol… nuestro árbol.

Terminó el verano y empecé el cole, al llegar de clase corría al jardín, allí estabas tú… esperándome. Aún recuerdo tus ojos, tu sonrisa, tus rizos dorados y la camisa a cuadros llena de parches…

un día llegué a casa, corrí al jardín… y no estabas. Te esperé durante horas… pero no llegaste. Unos meses después cumplí seis años, te llevé tarta… la dejé debajo del arbol, era de chocolate… la que más te gustaba. También te dejé un lápiz y un papel, pero nunca escribiste nada…

Hoy me acordé de ti, el sol se cuela en mi ventana… y faltan algunos meses para el verano, quizás te acuerdas de mi y no sé, podríamos tomarnos un café o contarnos historias con mariposas…

Chau Tomi, nos encontramos mañana, donde siempre… abajo del árbol.

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Natali Prigioni (C)

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