Recordándome a mi misma

para Natali

Organizando unas cajas encontré un sobre lleno de cartas de hace muchos años, me sentí cómo si me reencontrase conmigo misma, cómo si alguien me presentase a la que era yo hace once años.

Dicen que tenemos más de un alma gemela y que nos cruzamos en la vida con varias de ellas, con algunas pasamos sólo un tiempo breve y con otras decidimos compartir más pasajes de la vida. Yo me encontré con una de mis almas gemelas hace unos catorce años, me enamoré de él y fue mi primer amor. Éramos tan diferentes, tan distintos, era un chico dulce y bondadoso. Por aquel entonces yo era tímida, reservada y acaba de empezar la escuela secundaria.

Es difícil medir las palabras cuando cuentas algo tan especial para ti, aquello no es importante para nadie… excepto para mi, para mi corazón, mis recuerdos, incluso para la que soy a día de hoy. Aquel cariño hizo de mi una persona diferente, más sensible, más sincera, más romántica, forjó rasgos de mi personalidad que hoy no serían parte de mi ser de no ser por aquel amor.

Al leer estas cartas me he dado cuenta de que me he ido alejando de “esa” chica, que la extraño, la admiro y la necesito. Esa chica que era la “luz de los ojos” de un joven enamorado, esa joven lloró inconsolablemente al cambiar de vida, aquel joven sólo deseaba abrazar y sostener a quien por aquel entonces era el centro de su universo… su mundo, su oxígeno, su fortaleza… y aún no recuerdo si contesté estas cartas.

Las estoy leyendo mientras escribo y creerme si digo que me cuesta retener las lágrimas, son muchos recuerdos y es duro recordar, pero es necesario… al menos para mi. No quiero olvidarme de nada. Aquel joven que decía no poder vivir sin mi ha salido adelante y es feliz, me consuela y me alegra el corazón saber que está rodeado de amor.

Cuando tienes catorce años y tienes la suerte de encontrarte con tu alma gemela el corazón se abre, dejas entrar a la otra persona dentro de tu alma, compartes tus sentimientos incondicionales e imaginas una vida perfecta a su lado. Estas cartas están llenas de frases que, creo, nunca nadie me ha vuelto a decir… “Lo nuestro es algo eterno”, “Nunca voy a olvidarme de ti”, “Eras todo para mi y ya no estás”, “Te extraño tanto…”, “No me abandones”, “Desearía poder sujetar tus manos al menos unos segundos”, “Vivo en medio mundo, porque el otro medio eres tú”, “Tengo en mente vivir el resto de mi vida a tu lado”, “Te quiero más que una madre a un hijo, que un perro a su hueso, que una chica a su depiladora” (esta última frase sigue haciéndome reír once años después).

Hace once años yo vivía lejos, muy lejos de donde vivo ahora. Mi vida era diferente, yo era distinta, o eso es lo que quiero creer. La vida no te cambia, sólo te esconde. En el fondo somos lo mismos, siempre. Por aquel entonces me sentía la persona más feliz del mundo, dicen que siempre pensamos que cualquier tiempo pasado fue mejor, que con los años empezamos a añorar el pasado… pero y si de verdad fue mejor? La vida no para, el tiempo no se detiene, me siento distinta… me he visto a mi misma y me he echado de menos.

Soy la misma, con más años, puede que incluso con más miedos que entonces.

Natali Prigioni (C)

NataliPrigioni.com
2014

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