Primeras impresiones de mi viaje a India

Cuando pisé tus caminos sentí que mis pies se hundían, mientras ocurría me fui dando cuenta de que naciste en esa tierra, aprendiste a caminar sobre ella. Según esto ocurría tus cadenas se hacían más fuertes y te viste sumergido en las piedras que hacen de este suelo un país pesado, sobrepoblado, que se hunde, con todos vosotros dentro.

Desde dentro de este coche os miro, me miráis como un bicho raro, soy diferente a vosotros. Yo llevo zapatillas y huelo a repelente para insectos, esos insectos que revolotean a vuestro alrededor y se posan en vuestras caras sin que os inmutéis. Soy blanca, mi ropa está limpia. Me hacéis sentir incómoda, vosotros sois las personas más pobres y sucias que he visto en mi vida, pero no es eso lo que me incomoda; Es la mujer que en la cola de entrada a un templo huele con poco disimulo mi ropa, es el hombre que me mira con descaro porque para sus ojos mis hombros al aire son una provocación. Me siento incómoda, intento disfrutar del viaje, del paisaje, me acerco al resto de turistas como si fuese un animal huyendo.

La pobreza es algo difícil a lo que enfrentarse, pero no es la clase de pobreza a la que me he expuesto en algún momento de mi vida. Imagina ver cientos de niños, solos, en la calle, y en sus brazos niños más pequeños aún. Están solos, siempre, no hay adultos, no hay comida, no hay colegio, ni mantas, ni dulces. Te compras golosinas y se las das cuando les ves, pero nunca es suficiente. Te hacen sentir culpable por no darles más, pero también sabes que no tienes recursos como para darles lo que ellos no tienen. Es tanta la pobreza que sientes impotencia, rabia. Visitas templos y palacios, ostentosos. Los ricos son muy ricos, los pobres son muy pobres.

 

Nacen condenados, no sé cómo pueden ver más allá de su mundo. Pero si hablas con ellos, son felices, ven nuestro mundo en la tele y en los carteles de la calle, pero para ellos todo es un lujo.

Hablé con uno de ellos y me dijo algo que no olvidaré nunca: Mendigo para pagar la madera con la que será quemado mi cuerpo al morir. Doy de comer mi propia comida a los animales sin comida para rendir tributo a mi karma con la esperanza de que así la próxima vida será mejor.

Es difícil entenderlos pero lo intenté.

Pronto contaré más técnicamente nuestro viaje a la India. De momento, sigo en contacto con la parte emocional del viaje. Ha sido una experiencia muy fuerte, muy dura, para recordar y para contarle al mundo que no avanzamos juntos, no somos un mundo unido. Y la culpa no es tuya, ni es mía. En esta pirámide jerárquica de los gobiernos, ellos y nosotros, estamos en el mismo escalón. Siento saber que no llegaré a ver el cambio, la unificación del avance de la humanidad es imposible.

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