Mi viaje a India (2)

En primer lugar quiero aclarar que cuando hablo de mis viajes lo hago desde un punto de vista personal, sin ánimo de ofender a nadie. Todo es verídico y está basando en mi experiencia. 

Si tenéis algún problema personal con mis relatos podéis hacérmelo llegar por privado, comparto mis experiencias con gente que aprecio para dar a conocer mi punto de vista acerca de mis viajes, no con el fin de abrir un debate.

Mi viaje a India (Segunda parte)

Me limito a mostrar con pocas imágenes aquello que os cuento, ya subiré más fotos en Facebook en cuanto me sea posible.

Tengo que empezar contando que desde España no encontramos vuelos directos a Dehli, así que tuvimos que hacer escala en el aeropuerto de Helsinki (Finlandia). El viaje se hizo muy pesado, de Madrid a Helsinki fue un vuelo europeo totalmente normal, la odisea de sentidos empezó en el vuelo a Dehli.  Cuando llegamos a la puerta de embarque del vuelo a Dehli aquello estaba lleno de hindúes, he de decir que esa gente me parece peculiar como poco. Ya entonces empezaron las miradas raras y los olores extraños. Estábamos muy cansados, pues ya llevábamos más de diez horas de viaje. En el avión nos dieron de cenar un plato hindú, aquella comida tenía tantas especias que era imposible saber qué es lo que estabas comiendo.

Cuando llegamos a Dehli estaba deseando salir a la calle y respirar un poco de aire “limpio”. No puedo explicar la mezcla de olores que había dentro del avión, en ese momento me resultó desagradable. Aún no sabía que dos semanas después aquellos olores serían para mi olfato algo casi indetectable.

Después de otras 6 horas de vuelo llegamos a Dehli, los largos pasillos forrados de moqueta de aspecto desgastado resaltaban sobre una estructura moderna y vanguardista. Recogimos las maletas y salimos fuera, teníamos que encontrar al dueño de la agencia de viajes y al conductor (Arjun y Yuvraj).

Mi primera impresión, los primeros 5 días:

Ya estábamos allí, el calor y la humedad me hicieron sentir que por un instante estaba en mi tierra natal a 16000 km. En pocos minutos parecía me habían untado con miel, estábamos pegajosos y cansados.
Desde Dehli hasta el primer destino, Mandawa, había sólo 200 Km. Sufrí ese viaje con todo mi cuerpo, tardamos más de 5 horas en llegar! El estado de las carreteras, el tráfico, los animales en la calzada, los peregrinos y el sonido constante de bocinas hacían de los trayectos una verdadera aventura.

Llegamos a Mandawa, un pequeño y pintoresco pueblo que era hogar de ricos comerciantes y mercaderes de la ruta de la seda que abandonaron el pueblo hace 40 años. Por estas pequeñas calles aún se aprecian las havelis, pequeñas mansiones que en su día albergaron familias enteras, abundancia y lujo. Hacía tanto calor que casi me da algo, por no hablar del olor nauseabundo de las calles llenas de heces de las “sagradas” vacas que viven libremente por el pueblo.

Mandawa
Haveli en Mandawa

 

Hicimos unas cuantas fotos, visitamos algunas havelis y retomamos nuestro viaje con destino en Bikaner.

Nuestro hotel era un antiguo palacio cedido por el mahārāja para alojar turistas o gente de clase alta. Era ostentoso, grande, con altos techos y celosías que daban a un precioso patio interior. 

Laxmi Niwas Palace
Laxmi Niwas Palace

En Bikaner pasamos una noche, allí visitamos el templo de Karni Mata que se encuentra en Deshnoke, a 30km de la ciudad y es también conocido como el Templo de las ratas.

Entrar en este templo fue una experiencia que no volvería a repetir jamás, en este sitio las ratas son consideradas sagradas, la gente hace peregrinaciones para llevar ofrendas a Karni Mata (una mujer que murió hace 500 años y fue una encarnación de la diosa Durga), alimentan a las ratas y las dejan vivir dentro del templo como si esa fuera su casa. Fue curioso como poco, debo confesar que sentí un poco de asco y miedo. Las ratas caminan, corren y juegan por el suelo. Para mi sorpresa la gente empezó a dirigirse a mi cuando una rata blanca se atravesó en mi camino, me anunciaron que era una señal de buena suerte. Como veis en la foto la mayoría de estas ratas son negras, están gorditas y campan por allí como si nada. Por si no lo sabéis, a los templos hindúes, se entra descalzo. Yo entré en calcetines, que tiré sin dilación en la mismísima puerta para volver a mis preciadas zapatillas.

Karni Mata
Ratas del templo de Karni Mata

 

Vaya primer día en la India!  Inmersión cultural impactante! Estaba deseando volver a ducharme, lavarme los pies y dormir.

Al día siguiente salimos hacia Jaisalmer, la ciudad dorada donde pasaría los siguientes dos días. Allí recorrimos el antiguo fuerte, mercados, paseamos el camello por el desierto y vimos atardecer desde los cenotafios. Por cierto, el hotel tenía piscina! El agua estaba caliente pero fue relajante poder darnos un baño y nadar un rato antes de cenar.

Desierto de Jaisalmer
Atardecer en cenotafios, Jaisalmer

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Seguimos viajando. De camino a Jodhpur debo confesar que la mezcla de cansancio, calor, la poca comida que me sentía capaz de comer, el mal estado de la carretera y beber unos tragos de agua cuestionablemente “Mineral”  hicieron que al llegar mi cuerpo pidiera un stop traducido en calambres abdominales y malestar. Pasé medio día en cama y al día siguiente me sentí mucho mejor.

Y me detendré en esta segunda parte de mi viaje, contando como empezamos a entrar en una preciosa y frondosa zona más selvática. Camino al impresionante templo jainista de Ranakpur vimos cientos de monos en los arboles y en los laterales de la carretera.

Monos descansando, Ranakpur

Escondido en mitad de aquella selva con pocos habitantes, nos quedamos boquiabiertos ante el templo jainista construido en su totalidad con mármol de tonos claros, alzado sobre más de 1.400 pilares tallados a mano, con una superficie de más de 48.000 metros cuadrados y dos inmensas campanas de más de 110 kilos cada una que coronan la sala de culto, que sólo puede ser pisada por hindúes.

Foto de la web, templo jainista. Ranakpur.
Templo Jainista de Ranakpur
Zona de culto, Templo Jainista. Ranakpur.

 

 

Al salir del templo nos dirigimos a Udaipur, también conocida como la ciudad de los lagos. Allí pasaríamos la quinta y sexta noche de nuestro intenso viaje, empezaré mi próximo relato en esta bonita ciudad llena de secretos y curiosidades que hacen de su visita un recuerdo memorable.

Udaipur, ciudad de lagos.

Saludos a todos,

Natali.

 

Cualquier consulta o comentario privado podéis enviármelo a escribe@nataliprigioni.com o bien por Facebook.

 

 

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