Mi hogar, mi corazón.

Hoy mi mente se tele-transportó al pasado y por medio segundo me sentí en casa. Cuando digo casa pienso en mi casa, en mi hogar. Hay quien dice que el hogar de uno está allí donde esté tu corazón. A mi corazón le perdí el rastro hace tiempo, se enfadó conmigo y me dejó sola, por cómo me siento creo que volvió a casa… volvió a mi hogar, volvió allí donde gran parte del tiempo me gustaría estar.

Nadie entiende que cuando estás lejos de tu tierra las raíces se vuelven débiles, pero basta que ocurra algo, que pase algo y uno de tus sentidos encuentre algo que le sea “familiar” para que se despierten e intenten agarrarse a aquello que las hace revivir (en mi caso puede ser un  simple alfajor de dulce de leche).

Cuando una planta es arrancada de la tierra empieza a morir, la única forma de mantenerla viva es volver a plantarla. Puedes mantenerla viva en cualquier maceta un tiempo limitado. Las raíces crecen y crecen, mi teoría es que somos como plantas. Nacemos, vivimos, nos arraigamos a la tierra que nos hace crecer fuertes pero si la vida te arranca de esa tierra ya nunca te arraigas a otro sitio, no vale cualquier maceta, no sirve cualquier jardín.
A veces parece que las plantas están muertas, pero si les das un poco de cariño y calor sobreviven. Ahora empiezo a pensar que la planta de menta que tengo en una maceta junto a la ventana no es feliz en mi departamento de ciudad, la pobre se niega a crecer y sólo lucha por sobrevivir. Ella también fue arrancada de la tierra que le dio la vida y la hizo crecer. Sobrevive, con pocas hojas y todo mi cariño.
Puede que pase el resto de mi vida preguntándome como llenar el vacío que llevo dentro, quizás sólo hay una respuesta que me niego a dar en voz alta, quizás no hay ninguna respuesta.

Natali Prigioni (C)

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