Entre nube y nube… te encontré

Fue volando cuando tuve la idea, tenía tantas ganas de volver a verte al menos por un segundo que si me hubiesen dejado hubiese abierto la escotilla para asomar la cabeza y gritar tu nombre. Me dijeron que te habías ido al cielo… y ahí estaba yo!!! En el cielo!! a diez mil pies de altura… en un vuelo con dos horas de retraso desde Londres a Madrid. Te busqué entre las nubes pero no te vi. Las ventanas no se abrían así que no sabía si podía llamarte de otra forma… entonces me acordé que siempre me dicen que cuando alguien está en el cielo podés hablarle desde el corazón y eso hice… grité tu nombre desde mi corazón a tu corazón, y en ese ratito mi corazón latió más rápido… estabas ahí! Entre nube y nube de un atardecer de diciembre, conmigo y mis 22 años… con un café en mi mano y mi alma en el cielo, me fui contigo ese ratito… a tomar mate en la vereda de tu casa… con la vecina maruja diciendo a su marido “Ahí está don Luis con la nieta, andá a saludalo”… pero vos no querías que nadie viniera, estabas conmigo… con tus mates amargos que me queman la boca, con mis 15 años y aquel primer novio que nos miraba desde lejos pensando que tu “negrita” era la más linda… y vos mirándome con cara de ángel adorando a la que de niña con caprichos te hacía cogerte tus rabietas sirviéndome solo un vaso de cocacola y guardando la botella en la heladera… guardala abuelo, no me importa… puedo vivir sin cocacola pero sin vos en el mundo a veces siento que la tierra no gira, porque el verde de tus ojos era más profundo que el mar… porque ni siquiera en tus rabietas se apagaba el brillo de tus ojos al mirarme, porque todavía me acuerdo cuando tenía 8 años y te aplaudía en la vereda de tu casa en las siestas de verano gritando “Abuelooo!!! Despertate!!! Dame una monedita!!!”… te enojabas pero sabés una cosa? Siempre salías con unas monedas de diez centavos y yo zapateaba porque no me alcanzaba para nada y me soltabas otra de veinticinco centavos… yo sonreía y vos me mirabas con cara siesta interrumpida, pero nunca me dijiste nada… mi viejito, mi gordito panzón bailando chamamé los sábados a las 8 de la mañana… salimos del banco de nubes y bajé de tu cielo a mi cielo, con un beso en mi frente de alguien a quien no olvidaré jamás.

 

 

Te volveré a encontrar entre nube y nube, lo prometo, te buscaré hasta que te encuentre….

… y mientras tanto ya sabes, bajo las estrellas en la orilla del mar… donde las lágrimas se funden con el sabor a sal de la brisa.

el-duelo-y-la-muerte

 

Natali Prigioni (C)

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